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Trampas de la pobreza

Según los economistas, la pobreza y la prosperidad son como dos imanes. Si estás cerca de uno de esos imanes, te atrae hacia él.

Si eres pobre pero te dan un buen empleo, te separas un poco, pero a poco que te rompas una pierna y tengas que pagar el seguro médico, o tengas que endeudarte para comprar un coche, vuelves rápido a la mala situación (el imán de la pobreza te atrae de nuevo). Es difícil despegarse de esa atracción y moverse hacia el campo del otro imán al otro extremo, el de la prosperidad.

Se demostró en Bangladesh con gente de extrema pobreza a la que se les dio una vaca a cada familia seleccionada en el estudio y se les dijo que no la vendieran o se la comieran en unos dos años. Su economía mejoró por un tiempo, pero al poco volvieron a su nivel de pobreza anterior.

En cambio en el lado del imán de la prosperidad, todo te ayuda a mantenerte próspero. Tienes un buen trabajo, y por tanto experiencia en alto nivel, o dinero para pagar títulos y certificados. Si lo pierdes, tienes más posibilidad de conseguir algo similar, y volver a tu nivel de vida anterior. Tienes contactos y amigos en puestos de responsabilidad que pueden ayudarte. Además tienes posiblemente más ahorros ya que has estado ganando más y así no tener que endeudarte hasta las cejas con cada crisis. Si caes en el paro, puedes pasar el bache, invertir en un máster o llamar a tus contactos en puestos de gestión. Hay un abanico de posibilidades que pueden ayudarte.

Con esa ayuda y un poco de suerte, el imán de la prosperidad volverá a atraerte hacia él.

Haz un Premortem

Son más conocidos los postmortem, esas reuniones o informes en los que se sacan conclusiones de qué salió mal en los proyectos, pero igual de útiles pueden ser los premortem.

Se trata de ponerse en lo más negativo antes de empezar a trabajar en tus nuevas tareas para que luches para que las cosas salgan bien.

Suele pensarse que el éxito se consigue a través de una visualización positiva: nos imaginamos haber tenido éxito y las celebraciones que vendrán y eso hará que hagamos lo necesario para que se cumpla. Sin embargo, resulta que utilizando una visualización negativa hace que nos tentemos la ropa ante todo lo que puede salir mal (que suelen ser muchas cosas y que no siempre contemplamos).

El profesor de psicología Gabriele Oettingen ha dirigido durante 20 años estudios que consisten en que los participantes imaginen todos los obstáculos que les pueden ocurrir para no alcanzar sus metas. En su primer estudio, las mujeres que se apuntaron a un curso de pérdida de peso, y se las hizo imaginar la buena figura que se les quedaría, perdiendo 24 libras menos que aquellas que se hicieron una idea más negativa de los resultados del curso.

Parece que los castillos en el aire no ayudan nada a que pongamos esfuerzo y nos dedicamos a prevenir obstáculos. Mejor estar preparados, hacer un premortem, y curarse en salud para evitar el fracaso.

Fuente: Thinking in bets de Annie Duke.

Evocar para aprender a aprender

Hay un curso de Coursera que recomiendo mucho (Aprendiendo a aprender) que habla de la Ley de Serendipia: la suerte favorece a quien lo intenta (Law of Serendipity: Lady Luck favors the one who tries).

Además del significado obvio (o quizás no tanto) de que si lo intentas mucho o intentas muchas cosas diferentes, aumentas el área de la superficie para que te caiga algo de suerte (digamos que practicando y trabajando más compras más «boletos» para que la suerte te favorezca), pero la autora lo utiliza para recomendar la evocación en el estudio.

La evocación es la técnica utilizada para tratar de recordar lo leído o estudiado a través de mini tests o fichas de dos caras con cada uno de los temas estudiados. Evocar es lo que hacemos cuando después de tratar de memorizar la lección de clase, alguien nos pregunta los contenidos. Estaremos haciendo un esfuerzo para recordar lo leído y afianzando así los conocimientos en nuestra cabeza.

Pero evocar cuesta trabajo. Nos gusta la sensación de seguridad y nos desagrada ver que hemos fallado. Lo evitamos por tanto y nos limitamos a leer una y otra vez los mismos contenidos ahondando en la falsa sensación de seguridad de que nos sabemos la lección. Por esto, en el curso se nos recomienda hacer el esfuerzo de evocar y no leer y releer: la suerte favorece a quien lo intenta.

Mi MBA personal

Hace unos años, después de leer el libro MBA Personal decidí dejar de lado el mundo académico (y el coste asociado) para hacerme mi propio MBA a base de lecturas de libros durante un par de años.

Como MBA me quedó un poco meh, pero después de ese tiempo continué leyendo sobre otros temas, y no solo sobre negocios y proyectos. Mucho de lo que he leído no merecía el tiempo que le dediqué, y otros se podían haber resumido en un par de tweets. Sin embargo, otros sí que hicieron una muesca en mi libreta. Aquí algunos ejempos:

  • The Phoenix Project
  • The Goal, de Goldratt
  • Modificación de conducta, qué es y cómo aplicarla
  • El efecto checklist
  • Antifrágil de Taleb
  • Pensar rápido, pensar despacio, de Kahneman (todos los snobs tenemos siempre en la boca a Taleb y Kahneman
  • El librero, de Regis sa Moreira)
  • Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi
  • The catcher in the rye
  • Principles of Economics, de Mankiw
  • Poor Economics, de Banerjee y Duflo
  • Yo, Claudio, de Graves
  • The Selfish Gene, de Dawkins

Una universidad hace de «curator» de tus lecturas y te evitas leer mucho libro al que nunca le habrías dedicado tu tiempo, pero saltar de un libro a otro basándote solo en las sugerencias de alguien random en twitter, no tiene precio. Para todo lo demás, ESADE.

Dar y recibir, por Adam Grant

Dar y recibir (Give and Take) es un libro de Adam Grant. En él, se habla de los tipos de personalidades que dan más de lo que reciben, y de otros que solo toman los recursos y ayudas para sí, pero no colaboran con los demás para devolver lo recibido.

En el libro, Adam Grant indica que los equipos compuestos por una mayoría de Givers son equipos donde se intercambia información, se ayudan unos a otros y se alcanzan más rápidamente los objetivos.

Creo que lo mismo podría decirse de los equipos o empresas que intentan ayudar a su cliente, y no solo cobrar la factura al final del proyecto. Si para ti supone solo un pequeño esfuerzo exportar los datos en un formato útil y navegable para el cliente, probablemente le aportarás un gran valor (aunque no estés obligado por el contrato).

Un cliente que recibe valor por el dinero que paga es un cliente contento que te tendrá en cuenta la próxima vez que necesite contratar. También hablará bien de ti si alguien le pregunta por referencias. Seguramente no sabrás nunca de dónde vino el último contacto, pero quizás tuvo más que ver con un talante colaborativo, que con un anuncio en las páginas amarillas.