Este es un extracto de mi nuevo libro “Dibujando la revolución ágil” en el capítulo sobre gestión de equipos de trabajo. Espero que le guste:

Alguien contó a McArthur Wheeler[1], un pequeño delincuente de la zona de Pittsburgh (USA) que, si se ponía zumo de limón sobre la cara, este actuaría como tinta invisible y no podría ser grabado por las cámaras de seguridad de los bancos.

McArthur, que a pesar de todo no era tan confiado, quiso probar esto por su cuenta y se intentó hacer una foto a sí mismo con una Polaroid para probar este efecto. Se cree que, con los ojos terriblemente irritados por el zumo de limón, no pudo hacer bien la foto y el encuadre salió desviado. Probablemente fotografió el techo de su salón.

Animado por un descubrimiento que le permitiría dirigirse tranquilamente a un banco sin despertar sospechas y atracarlo sin que nadie le grabase, entró a plena luz del día y untado en limón en dos bancos de Pittsburgh. Allí todas las cámaras lo grabaron nítidamente apuntando con su arma al cajero.

Con lo que no contaba el señor Wheeler es que su imagen saldría esa misma noche en los noticieros de las 11. Tan solo una hora después, sobre las 12:10, Wheeler fue detenido por la policía. Además, su casi metro setenta de altura y más de 120 kilos de peso lo hicieron fácilmente reconocible por los vecinos de Pittsburgh que indicaron a los detectives por dónde solía andar.

Al parecer, en el momento de la detención, Wheeler no salía de su asombro por haber sido detenido tan pronto y solo atinó a decir “¡Pero si me había puesto el zumo!” ¿Qué había llevado a este buen señor a creerse más listo que nadie y descubrir el secreto de la invisibilidad y el atraco perfecto? David Dunning, un profesor de psicología en la Universidad de Cornell, leyó esta noticia en el Almanaque Mundial de 1996 y se hizo preguntas similares.

Dunning pensó que, si Wheeler era tan tonto como para atracar bancos con zumo de limón, quizás ni el mismo se diera cuenta de su propia incompetencia, lo que le habría llevado a atreverse a hacer algo así.

Junto a uno de sus estudiantes, Justin Kruger, Dunning quiso saber si era posible medir si somos conscientes o no de nuestros propios límites y se animaron a hacer un estudio para intentar averiguarlo. Si fuéramos conscientes de hasta dónde llega nuestro conocimiento podríamos pensar “¡Eh! Espera un minuto, la decisión que acabo de tomar no tiene mucho sentido, mejor busco a alguien que me aconseje”. Pero ¿Y si no lo somos y nuestro propio desconocimiento nos hace pensar que lo sabemos todo?

Dunning y Kruger[2] tomaron como sujetos del estudio a diversas clases de psicología en su universidad a cuyos estudiantes les pasaron unos tests de lógica, gramática o sentido del humor. Una vez hechos estos tests, se le preguntó a cada estudiante en qué posición creían que habían quedado con respecto a sus compañeros.

Lo que pudieron comprobar en esos tests no le sorprenderá mucho después de lo aquí comentado: Los estudiantes que peor nota sacaron en los tests, creían estar entre los que mejores resultados habían obtenido. Sin embargo, aquellos para los que se probó que eran más competentes, creían estar engrosando las filas de los de peor resultado.

Esto dio lugar a lo que se conoce como el Efecto Dunning-Kruger: Las personas más incompetentes sobrevaloran su propia capacidad, pero además tampoco son capaces de reconocer la capacidad de los otros.

Tenga en cuenta este efecto cuando observe la dinámica con la que se desenvuelve cada día el equipo con el que trabaja. No permita que el desconocimiento de algunos miembros del equipo de trabajo les haga aventurarse demasiado a decisiones arriesgadas que no están bien valoradas. Escuche a aquellos más reflexivos y que admiten dudas, seguramente son capaces de intuir delante de ellos un abismo que no pueden rellenar ahora por esa inexperiencia o impericia. Procure evitar que la arrogancia que provoca el desconocimiento, y que convierte a algunos en líderes de equipo, lleve a todos por mal camino.

Téngalo presente también para sí mismo. Aunque hubiese sido usted uno de aquellos estudiantes que mejor puntuación sacaron en los tests de este estudio, siempre habrá un área de conocimiento, tecnología o campo para el que sea solo un novato. No permita que desconocer todos los factores y parámetros que deban influir en la toma de una decisión le lleve a equivocarse. Coméntela con todo el equipo y aquellas personas que considere que tienen buen criterio. Puede que le sorprenda (o incluso le alarme) la cantidad de cosas que usted no tuvo en cuenta.

 

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Referencias:

[1] The Anosognosic’s Dilemma: Something’s Wrong but You’ll Never Know What It Is por Errol Morris en el New York Times

[2] Dunning-Kruger effect en la Wikipedia