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Por qué estudiar inglés

Hace algún tiempo quería actualizar un poco mi CV. Llevaba un par de años de añadir nada significativo y creo que todos debemos ir mejorando poco a poco nuestros conocimientos y habilidades. Si no me equivoco, era Asimov el que decía «Education isn’t something you can finish«. Por otro lado, los recruiters tienen lo que ellos llaman «un detector de gente poco motivada» y si ven perfiles que llevan dos años al paro sin hacer nada o actualizar su inglés, quizás consideren que vas a mostrar el mismo poco entusiasmo por aprender o mejorar en un nuevo puesto.

Me decidí a no hacerlo a tontas y a locas, y sumar el enésimo curso de introducción a Inteligencia Artificial o Ciberseguridad. Traté de realizar un estudio para ver qué conocimientos, certificados, o frameworks eran los más demandados en las ofertas de trabajo Indeed, LinkedIn o Glassdoor. También pregunté a varios colegas por la skill que me hiciese más valioso en una entrevista de trabajo. Después de repetir el estudio varias veces llegué a las siguientes conclusiones: en primer lugar debía mejorar mi inglés, tras eso, insitir con el inglés, y por último continuar mejorando el inglés. Todos los caminos me llevaban a que esa era la habilidad más demandada para mis circunstancias (y probablemente para la de muchos).

A lo largo de mi vida profesional, he tropezado varias veces con este idioma: en mi primer trabajo con clientes alemanes, el segundo ingleses, luego han venido americanos, suecos o luxemburgueses (en la mayoría estaba trabajando desde Canarias). No lo habría pasado tan mal intentando chapurrearlo si el inglés hubiese sido mi prioridad desde hace un par de décadas, además del gran número de puertas que se me habrían abierto a trabajar con salarios europeos.

Si realmente quieres marcar la diferencia, estudia inglés. Apúntate a alguna de las escuelas oficiales de idiomas que tenemos repartidas por las islas (y por el resto de España). En casi cada pueblo grande hay una sede abierta para estudiar por las mañanas o por las tardes, y por alrededor de 74€ al año puedes tener clases dos veces a la semana con profesores de alto nivel. Además podrás certificarte al final del curso en alguno de los niveles del marco europeo de referencia de las lenguas (A1, A2, B1, B2, C1 y C2). Certificados que, por otro lado, son muy valorados en el sistema de puntuaciones de múltiples oposiciones a gobiernos y ayuntamientos.

Ten en cuenta que los certificados no son lo más importante. Suponen un hito y una prueba de nivel que hará que te esfuerces para llegar a estar a la altura. Quizás incluso te consiga alguna entrevista si el recruiter ve tu certificado en el CV, pero será realmente en la entrevista donde tendrás que demostrar que entiendes y te haces entender bien. Y si no hablas el nivel requerido para el trabajo, ya puedes tener un C2 en tu currículum, que no serás contratado (ten por seguro que un hiring manager en una empresa americana o irlandesa no sabe qué carajo significa «C1». Él o ella solo sabe hablar inglés).

Para niveles altos, las 150-175 horas anuales de la EOI no son suficientes. Tendrás que complementarlas:

  • Viendo series de televisión en inglés en cualquiera de las plataformas online (Netflix, HBO, Prime Video).
  • Viendo la televisión o noticias en canales extranjeros (TVMucho).
  • Escuchando la radio o podcasts (RadioGarden, BBC Sounds).
  • Leyendo todo lo que puedas en el idioma de Shakespeare (si es posible, lee en alto para practicar la pronunciación). Compra todos tus libros en la versión original, y no en su traducción al español.
  • Seguramente necesites encontrar un profesor particular para las clases de conversación (la asignatura eternamente pendiente para los hispanohablantes) y qué más difícil es de practicar por tu cuenta. Puedes probar en preply.com o encontrando alguna profesora online que te ayude y te cobre por sus clases a través de Zoom o similar.

Ánimo. Poco a poco todo te irá sonando. Lleva años y mucho esfuerzo mejorar el inglés, pero no abandones el curso de la EOI en diciembre, cuando se acerquen los primeros exámenes y se te haga cuesta arriba. Insiste que merecerá la pena. Persistence is paid off!

Número 64 en Internet y Web

Hoy recibo una notificación de Google Alerts indicando que Amazon está mostrando mi libro, Gestión práctica de proyectos con Scrum, en la posición número 64 de los libros (ebooks y libros convencionales) más vendidos en la categoría de Internet y Web. Además está en la posición número 10 en ventas para la clasificación de ebooks sobre Programación y desarrollo de software.

Muy contento de que, después de más de siete años de haber sido publicado, siga alcanzando buenos puestos en la lista de ventas, pero aún más contento de las 288 opiniones y comentarios que el libro tiene. Leerlos siempre me supone un subidón de ego, pero hoy aún más al saber que el libro forma parte de la bibliografía de una de las asignaturas de la Universidad de Buenos Aires, una universidad con más de 200 años de experiencia formando a sus alumnos.

Aquí algunos de los ejemplos de las reseñas del libro:

Programar sin ego (II): el equipo de 10 programadores

Hablábamos la semana pasada de cómo entregar tu trabajo para ser revisado, curado, y hasta vapuleado por tus compañeros de equipo, logran grandes piezas de código. Líneas de texto que formarán parte de módulos capaces de resistir casi una década sin generar errores.

Vuelvo esta semana a comentar sobre el concepto de egoless programming de Gerald Weinberg y otro de los ejemplos reales de su libro: el incorruptible equipo de 10 programadores en una empresa aeronáutica.

Se trataba de un equipo que rechazó mudarse cuando su empresa anterior cerró sus instalaciones en la zona para moverse a otro lugar del país. Aunque tenían buenas ofertas individuales, ellos decidieron irse solo con quién los contratase a los diez a la vez.

Fue una el departamento de desarrollo de una empresa de fuselajes de avión la que los contrató y allí continuaron trabajando un tiempo. Cuando el director de desarrollo de esta empresa se encontró en una conferencia con el antiguo mánager de este grupo, le preguntó extrañado: «¿De dónde sacaste a esta gente? ¿Tienes a más gente como ellos? ¿Cuál es su secreto?». Le explicó que siempre que necesitaba que algo se hiciese bien y a tiempo, solo tenía que encargárselo a uno de estos diez. Deben ser algún tipo de genios, exclamó.

Nada había de particular en ellos, le contó, una de ellas era una recién graduada en italiano, otro había enseñado matemáticas en un instituto, un tercero era un ingeniero profesional y otra más se graduó en empresariales, trabajando después como secretaria ejecutiva y contable.

No eran seres sobrenaturales, simplemente, cuando uno de ellos recibía un trabajo, los diez trabajaban sobre él y lo revisaban entre todos hasta dejarlo perfecto. Cuando trataron de explicarle sus métodos, su nuevo mánager entendió que solo uno o dos hacían todo el trabajo y protegían al resto, que quedaban escondidos detrás de los genios de verdad.

Este director no fue tan obtuso como para llegar a disolver este grupo, pero no supo ver la eficacia de estas técnicas, y mucho menos aplicarlas al resto de sus 300 programadores. Un tiempo después estos diez programadores se volvieron a mover, otra vez en bloque, a una empresa más comprensiva con sus métodos.

Apuesta por los pull request, el pair programming, collective ownership, peer reviews y por los tests por todo el equipo. Es una de esas inversiones a largo plazo que se verán recompensadas cuando poco a poco empiezas a salir del caos, las prisas y de las llamadas de clientes enfadados por un bug en producción.


Si quieres saber más sobre egoless programming, echa un vistazo a mi post de la semana anterior: Programación sin ego.


Referencias:

  • The Psychology of Computer Programming por Gerald Weinberg, Nueva York, Van Nostrand Reinhold, 1971.

Programar sin ego

Gerald Weinberg, en su libro The Psychology of Computer Programming, nos habla de la Egoless Programming o Programación sin ego. Se refiere con este término al hábito de no considerar el código que hacemos como solo «nuestro» y de nadie más, sino artefactos que pertenecen al equipo y que seguramente contienen errores y que pueden ser muy mejorables.

Es una disonancia cognitiva habitual la de no reconocer nuestros propios fallos, y considerar nuestros programas como verdaderas genialidades. Si alguien encuentra un bug, lo negaremos rotúndamente y echaremos la culpa al análisis que estaba mal hecho, al cliente que no nos dijo que lo quería así o que alguien «tocó» nuestro código.

Weinberg cuenta la historia de alguien llamado Bill al que, consciente de poder tener un mal día, pidió a su compañera Marilyn que revisara el importante trozo de código que acababa de escribir. Marilyn fue capaz de encontrar 17 bugs. Pero para ella esto no era suficiente, sabía que donde se habían encontrado 17 errores, seguramente podría encontrarse alguno más. Entregó una copia a otros compañeros, y entre todos, aún encontraron 3 errores más.

Este código estuvo en producción durante 9 años sin que ningún nuevo error fuese nunca encontrado. Bill, lejos de sentirse herido por las tremendas correcciones hechas a su software, contaba divertido la historia a todo el que la quería oir: le habían encontrado 17 errores en 13 líneas de código!!

Además, ahora no solo Bill sabía cómo funcionaba ese trozo de código, Marilyn y los otros compañeros entendían también de qué iba y cómo mejorarlo cuando las inevitables modificaciones llegasen. El equipo al completo estaba al tanto de esa librería, y además de ser una pieza limpia de errores, cualquiera podía integrarse con ella o ampliarla, si fuera necesario.

Por esto funcionan prácticas como las peer reviews, tests por otros miembros del equipo de desarrollo o el pair programming. Tendremos un código más caro, y lento en producirse, pero más fiable y seguro. Más económico a la larga. Menos estresante también: no será tan habitual las sesiones maratonianas un viernes hasta las 2 de la mañana intentando encontrar un bug o las llamadas de clientes por una caída en producción.


Referencias:

  • The Psychology of Computer Programming por Gerald Weinberg, Nueva York, Van Nostrand Reinhold, 1971.

Yo gano si tu pierdes

Solemos verlo así, como un juego de suma cero, pero en raras ocasiones lo es. Lo hacemos con casi todo en la vida, el dinero que ganamos, las amistades que tenemos o los méritos que recibimos o dejamos de recibir.

Pensamos que, si nosotros nos llevamos 100 en un acuerdo, pero por su colaboración con nosotros, nuestros partners se llevan 150, es que hemos salido perdiendo, hemos negociado mal o nos han engañado. Saldríamos mucho más contentos si nos hubiésemos llevado 80, pero nuestros partners solo 60.

No se trata de llevarte el trozo más grande de una tarta (dejando solo migajas para los demás). Se trata de que todos ganen en el acuerdo actual, para que sigan contando contigo en las tartas y contratos que vendrán. Ahora estamos cegados con el proyecto que tenemos delante y no podemos ver más allá de las cifras del trimestre y el balance anual, pero después de este negocio, vendrán otros y luego otros más. Queremos participar en todos, aunque no sea con el trozo de tarta más grande, ¿no?

Intenta hacer la tarta más grande para todos. Busca acuerdos, sinergias y ventajas en la colaboración. Preocúpate de ganar tú, pero piensa también en lo que ganarán los otros. Intenta que ganen lo más posible. Con una buena disposición, serás el primero en llamar cuando haya otro negocio a la vista.

Lo mismo sucede con los clientes, haz que ganen mucho contratándote. Entrégales un gran producto y no racanees en exceso con lo que te piden. Recuerda que si ellos ganan mucho con el acuerdo, tú también lo harás. Si tú pierdes 20 haciendo ese esfuerzo extra, pero ellos ganan 100, tú también terminarás ganando.

El teléfono no parará de sonar cuando hayas acabado el contrato. Serás el primero que tendrán en cuenta cuando quieran buscar a un proveedor de nuevo. Se crean más contratos, y se abren oportunidades que de otra manera irán hacia otro lado o no se crearán. Nadie decide dedicar dinero porque solo augura problemas, discusiones o chapuzas en el trabajo. Ten siempre presente que después de este proyecto deben haber más, este no es el último que vas a hacer.

Tampoco son un juego de suma cero los elogios en el trabajo o el reparto de méritos. Si premian a un compañero de tu equipo por su gran trabajo, también ganas tú. Si tu equipo ha hecho una labor estupenda, pero nadie te menciona, sigues ganando aún más. Los elogios y las buenas consideraciones, si son sinceras, no se gastan, no se pierden, solo se multiplican. Solo pueden sumar.


Referencias:

  • Curso de Coursera Successful Negotiation: Essential Strategies and Skills de George Siedel.