Entre los años 22 y 25 corrieron olas de despidos en muchas empresas. Hasta entonces había dinero barato, las compañías disponían de financiación casi ilimitada y cuando eso se acabó se dieron cuenta de que estaban sobredimensionadas, de que de esa manera nunca iban a tener beneficios.

Es cuando empezaron los recortes, primero por necesidad, pero en algún caso también por moda. El último grito en gestión era Lean Reduction, Lean Staffing. Quitamos un miembro del equipo y al poco todos se adaptan, se reparten el trabajo entre el resto, siguen trabajando y las incidencias se resuelven igual, los desarrollos continúan. Nada parece cambiar así que quitamos a otro miembro de cada equipo. Aparentemente todos los indicadores siguen en verde, los proyectos siguen entregándose.

Musk parecía ser el ejemplo máximo de esto. Cuando compró Twitter, que llevaba años en pérdidas, redujo la plantilla a la mitad. Donde antes había diez personas, solo quedaron cinco o menos. Y nada parece haberse roto en la empresa del pajarito.

En realidad el coste existe. Menos innovación, menos documentación, menos tiempo para pensar. Si dejas de hacer mantenimiento preventivo a tus máquinas, a tus camiones o s tus activos software, durante un tiempo nada pasará, nada se rompe de golpe, pero la deuda se acumula. Podrás pagarla cuando tenga un tamaño que la haga insostenible?

Ya sabemos que el trabajo se expande hasta ocupar el mayor tiempo posible, sin límite alguno. La capacidad humana también puede asumir más trabajo del que parecía posible, pero en algún momento la organización empieza pagar esos intereses y a consumir su propio futuro.