En una gran cantidad de proyectos, aparece un fenómeno curioso: cuanto más gente hay implicada en un asunto, más difuso es saber quién está haciendo qué y si realmente hay alguien atacándolo.

Se organizan reuniones, se envían emails a decenas de personas y equipos, se escalan los mensajes, pero nadie se siente aludido. Todos parecen pensar «esto no me afecta», «esto lo tiene que mirar mi jefe», «si yo tuviese que hacer algo ya me lo habrían dicho».

Es el conocido efecto espectador: cuando todos son responsables, nadie lo es.

Sucede lo mismo con la asignación de tareas en un equipo, hasta que la tarea no tiene un nombre y apellidos, ningún miembro del equipo la coge para empezar a trabajar en ella.

Lo mejor es:

  • Asignar cada acción a una persona concreta.
  • Definir un resultado claro.
  • Establecer una fecha exacta.
  • Comunicarlo directa y claramente a la persona requerida.

No se trata de decir en alto «esto hay que hacerlo», sino «tú tienes este punto pendiente». Ahí es cuando empiezan a desbloquearse las cosas.

Referencias: