Algo de esto le ha pasado a Agile. Primero cayó en combate el Scrum Master. Al poco tiempo hablar de Scrum ya sonaba a viejuno. Por último, todo lo que suene a Agile recuerda ahora a los vendedores de aceite de serpiente del salvaje Oeste. Te vendían el mismo remedio como bueno para tratar la caída del cabello, el reuma o la artritis. Incluso para conciliar el sueño y teñir el pelo. Si usabas bien la loción, podía hasta salvar proyectos con alta rotación de personal.
No todo lo que daba vueltas alrededor de Agile se puede declarar difunto o simple humo. Los valores y principios básicos continuarán con nosotros mucho tiempo. Reformulado quizás, con un nuevo nombre y marketing, pero colaborar con el cliente, adaptar los requisitos y entregar pronto algo de código que ayude al usuario, eso dificilmente va a cambiar.
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