Sunday, 8 March 2015

Céntrate en lo importante. Es ahí donde se marca la diferencia

Nos pasa a todos en todas partes. Nos devanamos los sesos pensando en cada pequeño detalle y, mientras, las cosas quedan sin hacer. En nutrición se discute y se discute sobre si el brócoli tiene más antioxidantes que la lechuga o si las lentejas tienen o no más hierro que las espinacas, en lugar de dedicar nuestro tiempo y esfuerzos en tener una dieta rica y variada en general sin preocuparnos de que en ella esté el alimento perfecto.

Lo mismo pasaría a los estudiantes de alfarería que mencionaba hace algunas semanas en este blog. Pueden discutir y discutir durante semanas sobre cuál es la mejor técnica de todas para hacer el jarrón perfecto pero solo harán buenos jarrones cuando se hayan cansado de practicar haciendo un jarrón tras otro.

Me pasa a mí también, que puedo quedarme horas pensando si el post es lo suficientemente bueno o no o si ya he revisado bastante o aún quedan faltas de ortografía. Me pasaba también al publicar el libro. Pasaba mucho tiempo decidiendo si usaba esta portada o la otra, si incluyo este capítulo o no, si es mejor Arial que Times New Roman ¡Publica! Otros libros se están vendiendo mientras tanto.

La fuente de letras no va a conseguirme muchos lectores más y, en cuanto a la portada, realmente no sabía cuál de ellas iba a funcionar mejor. Sólo sé cuál de ellas me parece un poco más bonita que la otra. Nunca lo sabría hasta que no la expusiera al público, mientras, sólo voy a darle vueltas hasta auto-convencerme de que una opción es mejor que la otra y que no me voy a equivocar. Esto nos puede llevar a la parálisis del perfeccionismo y a un excesivo miedo a equivocarse.

¿Y en el software? Claro, también nos pasa. Horas y horas para decidir si usamos este patrón de diseño o el otro. Cada uno tendrá sus ventajas e inconvenientes. Una vez comparados los dos, apostamos por uno después de haber sopesado los pros y los contras y continuamos con el trabajo. Sólo después de unos meses sabremos si era la mejor solución o no (en realidad tampoco podremos estar seguros porque solemos tender a dar más peso a los aspectos negativos de las decisiones que tomamos en lugar de a los positivos).

Haz cien jarrones, corrige 100 bugs, escribe 100 clases, haz 100 entregas. Sólo eso te hará saber qué es lo mejor para el proyecto. Entrégalo y que los usuarios vean mediante su uso qué es lo más práctico.

De cada 100 clases habrán 5, 10 o 15 errores. Todos, sin excepciones, cometemos fallos, es inevitable pero de la tolerancia a errores y de la tranquilidad del equipo para probar lo que cree que es mejor o, como se diría en inglés, no need for C.Y.A, hablaremos en otro post.

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